Después de desayunar en el acogedor salón comedor del camping donde llegáramos la tarde anterior; abandonamos el lugar con el viento silbando entre los árboles que refugiaron en la noche, nuestra tienda de campaña, y a su vez a nosotros.
Kickbikeando, a unos siete kilómetros del comienzo de ruta, de infinitas rectas, perdimos de vista al embravecido viento. Nos dió tregua.
Disfrutamos del vuelo de las aves que se cruzaron a nuestro paso. Paisaje erosionado; lejanas montañas bien dibujadas; lagos habitados de patos, ovejas negras y blancas.
Los ascensos progresivos, se llevan muy bien. Las bajadas para gozar.
No pasamos de 35 Km/h por seguridad, al llevar el Extrawheel con las alforjas cargadas a tope, creemos que es lo más prudente por si surge cualquier imprevisto; aquí los animales nos están saliendo con frecuencia al camino.
Los Kickbike llevaban un ritmo extraordinario. Una media de 17km/h.
Nuestros cuerpos coordinándose, fusionándose con las máquinas.
Avanzamos y avanzamos por infinitas carreteras.
En varios momentos un ave que trataré de identificar, no sabemos si atraídas por el movimiento de las banderitas, volaron por encima nuestra, a la par, silbándonos. Fue gracioso.
Hemos estado visitando la pequeña ciudad de Akranes; su playa de arena negra; nos bañamos en las piscinas, centros de reunión social de los islandeses. Visitamos el faro.
Nos subimos de nuevo al Kickbike para continuar ruta en la maravillosa Iceland.
